21.4.06

El alivio del pesimista

Dennis Rodgers, antropólogo inglés y pesimista confeso, asegura que venir a la Argentina es una manera de refrescarse. ¿Por qué? Es que aquí los movimientos sociales tienen “increíbles maneras de experimentar”. Y aunque los microemprendimientos y las cooperativas no van a cambiar el mundo, dice, al menos permiten vivir mejor aun en el contexto más duro.

Por Sonia Santoro

Dennis Rodgers es un académico poco ortodoxo. De haber vivido con una pandilla en Nicaragua y representar la leyenda urbana del chere (extranjero blanco) pandillero en Managua, pasó a internarse en La Juanita, La Matanza, para estudiar el movimiento liderado por Toti Flores. El abismo que separa las dos experiencias tiene un punto de contacto, su interés por meterse en el campo, deformación profesional si se quiere ya que es antropólogo, pero también pasión por las experiencias alternativas de desarrollo. Invitado por el British Council, estuvo en Buenos Aires, encontrándose con distintos movimientos sociales y con el Estado para presentarles los resultados de las investigaciones de las que fueron objeto.

Rodgers tiene 32 años, un arito en su oreja izquierda y un saco que intenta cerrar insistentemente sin lograrlo. Docente del London School of Economics, espera que los invitados lleguen para dar la charla “¿Vale nada lo politizado?”, en base a su trabajo sobre el Presupuesto Participativo de la ciudad de Buenos Aires. Quienes vienen retrasados son los dos movimientos que le hacen mantener su esperanza sobre la posibilidad de generar alternativas de desarrollo viables: el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de La Matanza y el Movimiento de Trabajadores Revolucionarios Santucho, desprendimiento del Teresa Rodríguez, de Ezpeleta (ver recuadros).

–¿Qué hacés Dennis? –lo increpa calurosamente un señor con boina y bigotes blancos, apenas llegado.

–¿Cómo estás?

–Mejor que hace tres años.

Hace tres años, durante seis meses, Rodgers se tomó el 86 tres veces por semana desde plaza Once hasta La Juanita, para meterse en ese mundo que lo había atraído, sobre todo por el carisma de sus dirigentes: Toti Flores y su pareja Soledad Bordegaray, que le permitieron estudiarlos a cambio de algunas charlas sobre antropología, Nicaragua y Spinoza. Allí están ellos, Flores y Bordegaray en la tercera fila, y Susy Paz, del grupo de Ezpeleta, en la primera, rodeados de otros miembros de sus agrupaciones.

“Con el argentinazo, Argentina se transformó en laboratorio político. Surgieron nuevas formas de hacer política (trueque, piqueteros, asambleas, fábricas recuperadas). El punto común es que ocurrieron en espacios autónomos; buscaron reemplazar o conquistar al Estado, a diferencia de los espacios de invitación, que son espacios de participación política organizados por el Estado para instituciones que no son del Estado. El presupuesto participativo es el arquetipo de los Espacios de Invitación”, explica Rodgers, quien llama “espacios autónomos subversivos” a las asambleas en las que se debatía dicho presupuesto. La del Abasto, contó, en junio de 2003 llevó a más de 350 personas. De ellas, Rodgers se acercó a un hombre de unos 40 años, para preguntarle:

“–¿Qué sabe del presupuesto participativo?

–No sabía mucho hasta anoche que esa mujer que está allá me dijo que venga y, como ayudó mucho a mi familia, vine.

–¿Le dijo qué tenía que votar?

–Sí, y que vote a tal delegado.

–¿Y usted votó lo que ella le dijo?

–Al delegado sí, pero después escuché que había buenas ideas así que no voté las que ella me había dicho.”

El fragmento de la exposición provocó risas en el auditorio. El antropólogo había puesto en evidencia prácticas habituales de la política nacional. Así y todo, él rescató que “aun en Espacios de Invitación una persona traída por una puntera puede generar cosas distintas. Entonces, no necesariamente la politización funciona negativamente, como la literatura académica sugiere”.

En la última fila, Bordegaray intervino después de abrir una ronda de mates:
–Parecería que el presupuesto participativo es una herramienta que puede llegar a ser independiente de la mano que la ejecuta, que produce efectos más allá de quien la empezó a usar.

–Es como cuando tenés un huésped que se quedó demasiado tiempo en casa y es difícil echar (risas). El presupuesto hace eso: aún la persona que abre el espacio no puede limitarlo. La participación es una actividad transformadora, los esfuerzos de este ámbito trasladan a otros –dice Rodgers.

–¿Sabés cuál fue la influencia del Presupuesto Participativo en las asambleas barriales? –preguntó otro miembro del MTD.

–Hubo tensión al principio entre los dos. En el segundo año mucha gente de asambleas se trasladó al Presupuesto. Un 25 por ciento de las personas habían participado en asambleas. Yo creo que una de las razones de la caída de asambleas fue que no manejaban recursos.

Concluida la charla, Rodgers charló con Las/12.

–¿Cuál era tu visión antes de meterte en los movimientos sociales?

–Yo llegué a Argentina cínico, porque enseño estudios de desarrollo y veo un poco lo que se escribe y muchas veces son sólo palabras. Pero viniendo de Nicaragua, donde la única forma de organización colectiva era la pandilla, fue muy impactante porque el trabajo de campo era completamente diferente, se podía discutir con la gente... Uno puede estar de acuerdo o no con lo que hace el MTD de La Matanza pero son increíbles maneras de experimentar. Y otra cosa que me sorprendió después de haber intentado tender lazos con el Estado nicaragüense, que es elitista y vicioso, venir aquí y que la gente de Presupuesto fuera tan abierta.

–A tres años de tu visita, ¿cómo ves los movimientos?, porque las asambleas desaparecieron rápidamente...

–Las asambleas, ya lo dije, el problema era que no manejaban presupuestos. Los clubes de trueque no son una alternativa, hay una razón fundamental porque se inventó el dinero, porque es más práctico. Las fábricas recuperadas podrían haber sido viables porque eran un medio de producción, pero representan un desafío fundamental al sistema. Entonces les van a cortar los recursos. Y después la gran mayoría de los piqueteros están imbricados en el sistema, entonces reproducen un sistema de peronismo clientelista clásico.

–¿No queda nada para rescatar?

–Iniciativas como el MTD de La Matanza, el Teresa Rodríguez, el Aníbal Verón porque intentan hacer otras cosas. Para mí no se puede construir un mundo mejor con microemprendimientos pero por lo menos se puede construir algo que permita vivir un poco mejor en un contexto muy duro. Tengo un problema, mis estudiantes siempre me lo dicen, mis cursos son muy pesimistas.

–Pero la charla de hoy no fue pesimista.

–No, es que venir a Argentina es un poco una redención para mí. Yo fui a Nicaragua con la idea de que la revolución sandinista había dejado rastros que influenciaban las prácticas económicas de la gente, pero no quedaba nada de eso. Los primeros dos meses siempre tenía encuentros con pandillas, me patearon tres veces. Y cuando finalmente pude entrar en un barrio pobre me propusieron integrar la pandilla, y dije, “dado que no puedes derrotarlos únete a ellos”, y fue una manera increíble de conseguir datos. Empecé mi trabajo en Nicaragua en 1996. El barrio donde viví era un asentamiento, éramos 15 en una casa. Vivía con una familia, había una matriarca, tres hijas, los maridos, otro hijo, varios nietos y nietas, también alquilaban. Yo tenía mucho temor. Pero estuvo bien. Estaban contentos con lo que hice. Al mismo tiempo, la gente no se engancha tanto con la cosa como aquí. Allí más que nada les interesaba saber qué nombres les había puesto, cómo aparecían.

–No les interesaba el cambio.

–Sí, el cambio sería mejorar su situación material. Y una cosa que pasó es que mejoró su situación porque una de las hijas se casó con un traficante de drogas. Es espantoso que el más poderoso proceso de desarrollo local fue la droga.
Llegué después de cinco años y el barrio estaba cambiado, más peligroso y violento. La pandilla había mutado de violencia social por disputarse las secciones del barrio a una violencia económica alrededor del tráfico de drogas, eran el aparato de seguridad del tráfico. Así que la violencia que antes no se ejercía sobre la gente del barrio, ahora sí, había un régimen de terror. Yo tengo una suerte increíble, que es la posibilidad de no quedarme. Por eso, a pesar de que el MTD de La Matanza o el Presupuesto Participativo pueden ser criticados, son procesos que tienen cosas positivas, son mucho más ambiguos. Al mismo tiempo, entiendo que son desarrollos locales, que no tienen impacto a nivel nacional.

Pagina 12 - 21 de abril de 2006

Tan lejos de casa


Las condiciones de trabajo dentro de los talleres de costura clandestinos, principal herencia de una industria textil desintegrada, delatan –además de las reglas del capitalismo– la vulnerabilidad de quienes migran buscando un futuro que se pueda dibujar. Sin embargo, sólo por cruzar una frontera la mayoría siente sobre la espalda el peso de la sospecha. En este tránsito, las mujeres luchan por sostener la vida cotidiana y los lazos familiares.

Por Gimena Fuertes

Algunas hablan con la resaca de un miedo viejo. Otras entienden que lo mejor que pueden hacer es denunciar la situación de violencia, falta de pago, despidos y desamparo. En los talleres de costura, las mujeres en su mayoría trabajan en la cocina o de ayudantes, sólo algunas van a la máquina porque el trabajo es muy duro y no se resiste. Las ayudantes son las que trabajan más horas y tienen mayor cantidad de tareas a cargo. “Sufren más que el que está en la máquina. Les gritan, tienen que ordenar las prendas, separar, entregar a cada máquina los cortes, retirar, tienen que abastecer a 15 o 20 máquinas a la vez, les gritan de cada máquina. Por eso nos empezamos a organizar”, cuenta Olga, una costurera de 29 años.

Olga es una de las trabajadoras del microemprendimiento textil de La Alameda. Era de Sucre, vino a los 20 años y tiene marido y tres hijos, de 10, 9 y 3 años. “Nosotras trabajamos por cooperativa, todas ganamos igual, nadie gana más. En los clandestinos se trabaja por prenda: te entregan el corte y tienes que entregar la prenda armada, tú tienes que armarla toda. En cambio acá no, la misma prenda pasa por todas. Esto es trabajo en cadena, es mejor por cadena porque así avanzamos más, y tenemos todos la misma cantidad de trabajo”, explica. “Las casas donde están los talleres clandestinos son viejas, a algunas se les está cayendo la pared, les ponen cartón sobre paredes húmedas que se caen, muchas veces no tienen siquiera una ventana o un respiradero. Por habitación, si son solteros los acumulan hasta siete u ocho personas, en cuchetas o camarotes, y a las personas casadas les dan un cuarto para que duerman con sus hijos. Para trabajar, entran tantas personas como máquinas quepan. No tienen la instalación de luz bien hecha sino que están los cables por el piso, son enchufes, alargues, todo por el piso, sin nada de seguridad. Muchas veces viví en las casas donde hay talleres. Comida no dan, pagan lo que quieren”. Olga es escéptica sobre los intentos de rehabilitación de los talleres. “Ahora están queriendo habilitarlos como emprendimientos familiares, pero tienen escondidas las máquinas y las cuchetas. Cuando vaya la inspección van a encontrar sólo tres a cuatro máquinas y las van a habilitar con dos o tres trabajadores, pero cuando se vayan van a aparecer todas las máquinas. A dos trabajadores los van a blanquear, pero a la semana vuelven todos los costureros y se vuelve a la normalidad. Los que no tienen documentos siguen trabajando en el turno noche, desde las seis de la tarde a la seis de la mañana, de día trabajan los que tienen documentos, uno o dos. Se han avivado”.

Lola acaba de perder un hijo de 20 años a causa de la tuberculosis, una de las enfermedades más comunes de aquellos que sufren el hacinamiento y la falta de alimentación. Vino hace siete años ya. Llegó a la Argentina siguiendo a Fabiola, su hija, que en ese momento tenía 17 años. Es que un tallerista la trajo a Buenos Aires con promesas de un futuro. “Pasaban los meses, y como no llamaba, pensé que la podían estar esclavizando, o prostituyendo. Estaba arrepentida de haberla mandado y por eso he llegado aquí. Vine con el hermano del tallerista que trajo a mi hija”, recuerda Lola. Cuando se encontró con su Fabiola, Lola se enteró de la situación que estaban viviendo acá sus paisanos. A su hija no la dejaban salir, llamar ni enviar cartas. No era bueno que en Bolivia se enteraran cómo era trabajar en la Argentina. “Ni siquiera la dejaban ir a comprar la toalla higiénica que usamos cada mes las mujeres. La esposa del tallerista iba a comprarlas y les cobraba el triple del precio.”

“Te atemorizan... nos decían que como no teníamos documento la policía no nos iba a hacer caso. Me decían ‘Andá a la policía, sólo te van a arrestar a vos’. Lo que más me molestó con ese tallerista es que la hizo amanecer trabajando a mi hija. Nos fuimos peleando, discutiendo y nunca pagó nada. Sólo te dan vales de dos o cinco pesos. Cuando pedía salir no nos dejaban. Yo quería salir a comprar y la dueña me decía que ella era la que compraba. Le dije que ella había manejado a mi hija, pero que a mí ni me iba a manejar”, se enoja Lola.

Los talleristas llaman “vales” al poco dinero que les van entregando a los trabajadores en forma de adelanto, que se supone que luego se los descontarán del sueldo. Sueldo que nunca aparece.
“No tenía casa y estuve dando vueltas en piezas de alquiler. Regresé a un taller, de la avenida Alberdi, para que mis hijos tengan techo y comida, ¿qué voy a hacer? Le rogué al tallerista para que me deje tener a mis hijos adentro del taller aunque me pague menos. Tenía que cocinar para 25 personas, pero a causa del reumatismo mi hijo de 13 años me tenía que ayudar. Pero a los dos días me echaron porque el tallerista me dijo que estaba prohibido enfermarse. Allí se duerme, se come, no se sale. La mayoría es gente del campo. Como yo llevaba a mi hijo al colegio, tenía que entrar y salir, eso incomodó al tallerista y me dijo ‘mi gente no sale, te ven a vos y van a querer salir’”, recuerda.


A pesar de todo, ni Lola ni Fabiola quieren volverse: “En Bolivia el pobre es más pobre y el rico es más rico, entonces mi hija no se quería volver, se quería quedar acá. Ahora ya se casó, tiene tres hijos y trabaja con su esposo que tiene máquinas. El resto de mis hijos están acá”.
María advierte: “La mía es la historia más triste de todas”. Hace dos años que está viviendo en Buenos Aires. Llegó siguiendo a su esposo. “Allá le prometieron que era un trabajo bueno. Le decían que le iban a pagar 100 dólares por mes. Pero cuando podía llamar me decía que estaba sufriendo, que lo hacían trabajar todos los días sin domingo desde las siete hasta la una. La dueña del taller le pedía los 100 dólares que había gastado para hacerlo venir. No le pagaban. Una vez le dieron 50 pesos y no volvió más al trabajo. Había empezado a andar por la calle. Iba a pedir a las iglesias. Decidí venir a buscarlo con mi hijo menor, el resto se los dejé a mi suegra. Vendí la garrafa y llegué hasta Villazón (en la frontera boliviana con Argentina). Pero cuando tuve que empezar a manejar la plata argentina no entendía nada. Trabajé dos semanas cargando manzanas. A mi hijo de ocho años lo dejaba sentadito esperando. Lloraba porque no sabía a dónde ir ni dónde dormir. Había juntado 130 pesos ya. Además ya iba gastando porque compraba desayunitos para mi hijo. Yo iba sin comer. La señora que me contrató me vio y me dijo: ‘¿por qué no me contaste?’ y me regaló manzanas. Allá en Bolivia son muy caras las manzanas. Yo pensé ‘qué lindo que sea así la Argentina’. Una vez que pasé hasta Salta, una señora me hizo trabajar de vendedora de frutas con la promesa de que me iba a llevar a Buenos Aires. Estuve un mes, pero no me pagaba, me daba arroz y unas papitas pero no me alcanzaba para mí y para mi hijo. Me engañaba con que no había venta y por eso no me pagaba. Mi hijo iba donde las vecinas para pedir y lloraba. Se quería escapar para venir a buscar a su papá. “Cuando por fin llegué a Buenos Aires, a mi marido lo buscaba por todos lados, por la calle. Sabía que andaba por Liniers, cerca de los trenes. Con mi hijo dormíamos en la calle, o en el parque. Caminando y caminando lo encontré cerca de la estación, estaba sentado comiendo una naranja de una bolsa de basura. Mi hijo lo reconoció, su sueño era encontrar a su papá. Yo no creía que era él. Estaba sucio, con la cara quemada por el sol, pero mi hijo lo levantó y se abrazaron.”
María y su familia fueron a trabajar a un taller. “Yo entré de cocinera y él de ayudante. Había muchas rejas, como tres, hasta llegar al taller. Empezábamos a las siete de la mañana y salía a las diez, después de servir la cena, pero mi marido salía más tarde. No nos pagaban, pero yo le pedía 5 o 10 pesos para comprar cosas. Me dejaban salir acompañada de un familiar del dueño porque me decían que no podía ir sola porque la policía me iba a agarrar por la calle o me iban a quitar a mi hijo. Me molestaba porque nos decían que nos pagaban a un peso por pantalón, pero no nos pagaban. Trabajamos y trabajamos por tres meses, pero no nos pagaron. No conozco las marcas pero se venden en la calle Avellaneda. Cuando nos fuimos hice que me diera 40 pesos. Nos ponía excusas de que a él el fabricante no le paga o que estaban mal cosidos. Sin plata y sin pieza ni trabajo, nos fuimos a caminar por la calle. Ahora cuido a los hijos de las señoras que trabajan acá, en La Alameda, desde las 2 hasta las 8. Estoy bien, si queremos podemos comer acá o si no podemos retirar. Ya no quiero trabajar en otro lado”, asiente.


Fue recién después del incendio de Caballito cuando las autoridades les empezaron a creer a las costureras y las denuncias comenzaron a tener consecuencias concretas como el cierre de algunos talleres de los tantos que hay diseminados en la ciudad de Buenos Aires, sobre todo en los barrios de Bajo Flores, Floresta, Parque Avellaneda y Lugano. Pero esas clausuras vinieron acompañadas por amenazas de muerte. “Los talleristas nos tienen atemorizados. Nos dicen que nos van pegar, a matar, a hacer desaparecer a los hijos. Saben lo que hacemos, por donde caminamos. ‘Espérate, ya te vamos a agarrar’, nos dicen. Pero no nos vamos a callar, si estamos diciendo la verdad”, dice Lola.

Los talleristas suelen ser los mismos que alquilan las piezas a los costureros. Es por eso que además hubo muchos desalojos después de las denuncias. “Estamos en una piecita pero como salí en la tele y en los diarios la dueña quiere que la desocupe. Ya no salgo sola”, dice María.
Olga no teme dar a conocer su nombre y su cara. “Ya salí en todos lados –dice resignada–, el dueño de la pieza era tallerista y después de hacer las denuncias me echaron. Ahora no podemos caminar más por la calle, si me encuentran me van a matar. Fueron a buscarme donde vivía antes, pero no me encontraron.” Las denuncias sobre las amenazas ya están en la Fiscalía Federal Nº 14 en lo Correccional. Hay registradas ocho amenazas directas a costureros y otras tantas al centro comunitario.


La Unión de Trabajadores Costureros se constituyó como una organización sindical y de derechos humanos en noviembre de 2005. Los trabajadores comenzaron a juntarse los domingos a la tarde, el único rato que tenían libre. La UTC tiene entre sus reivindicaciones principales la agilización de los trámites de la residencia precaria, que permite trabajar en blanco con cuil mientras se realiza la permanente; derechos a abogados gratuitos para iniciar juicios laborales; seguro de desempleo; facilidades para viviendas dignas; confiscación de máquinas secuestradas, para que sean entregadas a los trabajadores para que armen cooperativas; respeto de la jornada de ocho horas; y salario por convenio que es de 1000 pesos como mínimo.

También están trabajando en la identificación de los talleres clandestinos, cosa que no es muy difícil de llevar a cabo. “Te das cuenta por la basura que sacan, las mujeres que van a buscar a los chicos del colegio desesperadas por el tiempo, los retazos de tela en las veredas, la cantidad de pan que compran”.

Olga es una de las más activas de la UTC. Cuando se incendió el taller de Caballito, llegó a la puerta y vomitó todo lo que sabía ante los periodistas que le preguntaban azorados. “Cuando fue el incendio, todos los medios me preguntaban y dije lo que sentía, tenía la bronca contenida, se sabía que iba a pasar eso, las autoridades de Bolivia no hacen nada. Ese día entramos tres personas al taller. No nos dejaban, ya habían retirado a todos los trabajadores para que no hablaran. Vi que tenían miedo. Si la puerta hubiera estado abierta habrían podido escapar, uno de los chicos que murió tenía 15 años, podía salir fácilmente.

La costumbre es encerrar a los chicos en las piezas para que no molesten, y por eso creemos que perdieron la vida.” El enojo de Olga no se suaviza: “No hicieron allanamientos a los fabricantes. Allanaron a talleres chicos, de 10 a 30 máquinas. Los dos tienen la culpa. Ni un fabricante calló. Cuando salió todo a la luz los fabricantes de marcas conocidas que hacían coser en estos talleres vinieron y se llevaron todo a medio hacer, retiraron sus mercaderías para tapar. Por eso pedimos que también allanen a los fabricantes”, argumenta. Las marcas que hasta ahora lograron identificar son Montagne, Lacar y Rusti. Al enojo, Olga suma la satisfacción de los triunfos de la lucha. “Muchas veces cuando nos presentamos como UTC logramos cobrar el sueldo de muchas personas. Y esta semana empezamos con la radicación precaria acá en el centro comunitario ¡y está lleno de personas!

Queremos que se regularice todo, que los paisanos aprendan a trabajar bajo las leyes. No nos pueden traer como animales. Las cosas allá cuestan muy caras, pero acá estás peor que allá. En las provincias de Bolivia uno tiene su casa de adobe, pero tiene patio, tiene libertad para los chicos, comes tranquilo por más que la comida no sea buena. Acá no tenés derecho a nada, ni a que los chicos salgan, ni a poner una escoba en el patio, todo tiene que estar dentro de la pieza. No te dejan usar agua caliente, ni el horno, tienen todo asegurado con alambres o cadenas para que no se gaste nada de gas. En cinco minutos tienes que bañarte con agua caliente, si no sales el dueño está parado en la cocina al lado del calefón para apagarte el gas. La luz te la cobran por persona. Una pieza de 2 x 2 se paga 200 a 400, como un departamento. Con chicos te cobran mucho más caro.”

Olga recuerda su vida en Sucre. “A veces nos quisiéramos ir, pero los chicos ya están acostumbrados acá”, suspira con nostalgia. Lola finalizó el funeral de su hijo, que duró una semana, y ya volvió a trabajar. “Ya tengo mi vida acá”, dice serena.

Pagina 12 21 de abril de 2006

Abuelas

“Venir a esta maldita corte no es nada comparado con lo que le pasa a la gente en Irak”, explicó Marie Runyon, de 91 años, de la Brigada de Abuelas por la Paz, cuyas integrantes comenzaron a ser juzgadas ayer en Nueva York. Las 18 abuelas estadounidenses, con edades entre los 50 y los 91 años, fueron acusadas por bloquear las puertas de un centro de reclutamiento de soldados. “Estamos aquí por un propósito mayor –dijo Joan Wile, de 74 años, ante el tribunal que las juzga–: nos rompe el corazón ver a todos esos jóvenes, estadounidenses e iraquíes, muriendo en la guerra.”

Pagina 12 - 21 de abril de 2006

Protesta de alumnos y docentes de Quilmes - Pertenecen a las escuela municipal de Bellas Artes; esta mañana se concentraron en la Plaza de Mayo con má

(DyN) - Alumnos, padres y docentes de la Escuela Municipal de Bellas Artes de Quilmes, "Carlos Morel", se concentraron esta mañana en la plaza de Mayo para reclamar al gobierno nacional que interceda ante la falta de pago de los aumentos salariales dispuestos para los profesores, y por fallas en el edificio donde funciona el establecimiento.

Los manifestantes optaron por expresar su reclamo ante la Casa de Gobierno y con máscaras en sus caras, ante "la falta de respuestas hechas durante el último año al intendente de Quilmes, Jorge Villordo", según indicaron en un comunicado. Los manifestantes denunciaron que los docentes no percibieron aún los aumentos salariales dispuestos por el gobierno bonaerense, mientras los funcionarios alegan que no pudieron cumplir con esa obligación porque aún no recibieron las partidas necesarias de parte de la Provincia.

Los alumnos y padres de alumnos también reclamaron medidas de seguridad edilicias para el lugar donde la escuela funciona transitoriamente mientras restauran la "Carlos Morel". Indicaron que desde comienzos de 2005 las clases se dictan en la antigua sede de la Municipalidad que, según informes técnicos, requiere de remodelaciones para garantizar la seguridad de quienes allí concurren.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/799106

“El libro y no la espada fue lo que creó el país”

Quedó inaugurada la Feria
El siguiente es el texto completo del discurso con el que el escritor argentino Tomás Eloy Martínez dejó inaugurada ayer la 32a. Feria Internacional del Libro. En su mensaje, el autor de “Santa Evita” lamentó la ausencia del presidente de la Nación, Néstor Kirchner.

Antes aun de que aprendiera a leer, cuando me esforzaba por desentrañar el significado que ocultaban las formas de las letras, le formulé a mi padre una pregunta que él me repitió poco antes de morir, porque en su momento no la supo contestar, como yo tampoco sabría hacerlo ahora: ¿somos nosotros quienes creamos las palabras que nombran las cosas de la realidad o las cosas nacen de las palabras que las nombran?

Los filósofos y semiólogos han respondido de muchas maneras a esa cuestión que acabo de formular tan torpemente como en la infancia, pero la duda nunca dejó de estar ahí. Sé –al menos, eso sé– que avanzamos en la selva de lo desconocido asociando palabras. Leemos para imaginar. Leemos para aprender cómo es la respiración del mundo. Y, a veces, también leemos para descubrir que el mundo no respira como imaginábamos, sino de otra manera. Todo y todos somos, a cada instante, otros. Si no supiéramos leer, tampoco sabríamos pensar.

Escribir viene después. La escritura es la envidia sana de la lectura o, más bien, el deseo de prolongar la lectura indefinidamente. Alguna vez he contado que escribí mi primer relato a los nueve o diez años, para salvarme de la prohibición de leer que mis padres me impusieron como castigo durante un mes por un delito de desobediencia. Pero aquello que escribí era sólo un resumen de lo que había leído, un magma en el que el mundo no era como era, sino como a mí me parecía que debía ser.

Tiempo después, leyendo a Walter Benjamin, aprendí que hay cierta ansiedad en todo narrador por ser otro, por estar en otros: "Narrar no sólo es significativo porque nos permite asumir o dibujar un destino ajeno, que a la vez nos educa -dice Benjamin-. Es significativo porque ese destino ajeno, gracias a la fuerza de la llama que lo consume, nos transfiere el calor que jamás obtenemos de nuestro propio destino". En las ficciones somos lo que soñamos y lo que hemos vivido, y a veces somos también lo que no nos hemos atrevido a soñar y no nos hemos atrevido a vivir.

Las ficciones son nuestra rebelión, el emblema de nuestro coraje, la esperanza en un mundo que puede ser creado por segunda vez o que puede ser creado infinitamente dentro de nosotros. El primer libro completo que leí en mi vida fue una colección de cuentos de los hermanos Grimm, de la editorial Molino, con unas ilustraciones que acentuaban el terror de aquellas historias melancólicas, en las que nada nunca se lograba por completo, ni la felicidad ni la derrota del mal.

Más tarde, entre los siete y los nueve años, me convertí en un devoto sin remedio de las novelas de Alejandro Dumas y de Julio Verne. Cada vez que he tenido en la vida una situación de desesperanza -y vaya si las he tenido: enfermedades, exilio, pérdida de personas amadas-, volví a esos libros de la infancia para que me devolvieran la fe en que todo regresa, de una manera u otra: todo puede ser recuperado.

Así, he releído por lo menos cuatro veces dos novelas de construcción perfecta, El conde de Montecristo y La reina Margot, a las que sigo buscándoles en vano los lunares de arquitectura que no tienen. En la adolescencia, los bibliotecarios me parecían extensiones de Dios, herederos de un saber inagotable.

Todas las mañanas iba en busca de libros a la biblioteca Sarmiento de Tucumán, cien metros al norte de la Casa de la Independencia, y mientras devolvía los préstamos del día anterior les pedía consejo sobre las lecturas siguientes. Gracias a ellos, alcancé, entre los once y los dieciocho años, el inolvidable conocimiento de Heródoto, de los diálogos de Platón; leí el Edipo rey de Sófocles, las seis grandes tragedias de Shakespeare, los poemas de Góngora y de Quevedo, las Novelas ejemplares de Cervantes y, por supuesto, el Quijote.

Por las noches, nos bañábamos con mis amigos en las aguas purificadoras de la poesía más nueva. Atravesábamos como poseídos los mares de lágrimas de César Vallejo para subir después a las montañas de Neruda, o bajar hacia los valles de Rilke, de Mallarmé, de Baudelaire, de Cernuda, como si las voces del mundo fueran en verdad una sola voz inagotable.

En el invierno de mis trece años me enfermé de una tuberculosis imaginaria por identificarme con los personajes de La montaña mágica, de Thomas Mann. Poco después, las ficciones de Faulkner me produjeron insomnios recurrentes. Uno de los visitantes de la biblioteca me recomendó entonces que leyera El proceso, de Franz Kafka, porque nadie podía, según me dijo, resistir el sopor del primer capítulo. El falso remedio agravó mi enfermedad.

Apenas puse un pie dentro de Kafka, entré en un laberinto del que no he salido todavía, yendo de La metamorfosis a La condena y de El castillo a la Carta al padre. Y, por supuesto, en las orillas de esos sistemas solares estaba Borges, construyendo dentro de mí su propia galaxia. Somos, así, los libros que hemos leído. O somos, de lo contrario, el vacío que la ausencia de libros ha abierto en nuestras vidas.

Todas las grandes culturas se han creado en torno de un libro sacramental: ya sea el Pentateuco, la Torah, los Evangelios, el Shu y el Yi de Confucio, el Buddhavacana canónico de los budistas, el Chilam Balam y el Popol Vuh de la América anterior a Colón. Algunas pocas naciones han tenido también la fortuna de ser proyectadas y organizadas por grandes hombres para los cuales el libro era un artículo de fe. Nuestra nación argentina es hija de ese privilegio.

Desde mediados del siglo XIX, letrados como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre, Dalmacio Vélez Sarsfield y Nicolás Avellaneda, entre tantos otros, pensaron con pasión en el país que querían para las generaciones sucesivas. Infinitas veces disintieron en los detalles y polemizaron con acritud, pero las prioridades del modelo argentino fueron, para todos, siempre las mismas: la salud, la educación, la igualdad ante la ley, la modernidad, la apertura de las puertas a la inmigración europea, que entonces era aluvional.

Hacia 1850, Sarmiento inició una de las más admirables revoluciones pacíficas del siglo, un torbellino comparable a la marcha de la sal de Gandhi ochenta años más tarde. Lo que propuso Sarmiento fue crear otra vez el país, pero a partir del libro, apagar con civilización los fuegos de la pasada barbarie. "Para tener paz en la República Argentina -escribió- es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, darles a todos lo mismo, para que todos sean iguales."

De ese principio nació la ley de educación común, gratuita, laica y obligatoria, que abriría en la Argentina las puertas a la movilidad social, permitiría la expansión de la clase media y sería la fuente de la grandeza que este país alcanzó antes de 1930. En esa tradición crecimos y nos educamos. Y por esa tradición seguimos creyendo, durante tanto tiempo, que el país sería siempre mejor. Sarmiento puso su obstinación indomable en lograr la sanción de aquella ley.

Tropezó durante décadas contra la oposición férrea de la Sociedad de Beneficencia, que regía la educación pública con fondos del Estado. Lo consiguió una década después de abandonar la presidencia de la República, en 1884. Tenía 73 años y le faltaban cuatro para morir. Una Feria del Libro estaba entonces más allá de los sueños de cualquiera de aquellos titanes.

Ninguno de ellos habría estado ausente en una ceremonia que recuerda, año tras año, que está nación fue creada no por la espada sino por el libro: la civilización en el desierto infinito dejado por la barbarie. América latina entera se miró durante décadas en el espejo de nuestros libros: en los que escribíamos y en los que publicábamos.

Recuerdo cuánto le admiraba a Gabriel García Márquez, en el invierno de 1967, que las librerías de Buenos Aires estuvieran abiertas hasta altas horas de la noche y que las amas de casa regresaran de los mercados con libros que se compraban como artículos de primera necesidad, junto con las lechugas y el pan de los almuerzos. Dondequiera que fui después en América latina, me encontré con hombres y mujeres que debían su formación a los libros y revistas de la Argentina. Tanto en Barranquilla como en La Habana o en Guadalajara y en Panamá, los libreros ni siquiera tenían tiempo de deshacer los paquetes que les llegaban desde Buenos Aires, porque los lectores se precipitaban ansiosos sobre aquellos volúmenes que les iluminaban el mundo.

Los tiempos son ahora otros, y la miseria ocupa en muchos hogares el lugar que tenía antes el conocimiento. Las batallas de estos tiempos de globalización no se libran ya para conquistar nuevos lectores o para crearlos, sino para que el mercado no los deseduque, para que los lectores no pierdan la costumbre de ver el libro como un modo de verse también a sí mismos. Junto con océanos de informaciones por procesar y de libros por leer, la globalización ha engendrado a la vez abismos de desigualdad que antes eran imposibles de imaginar, porque lo que se globaliza es el mercado, no las personas.

Una quinta parte de la población del mundo sigue sin tener acceso a forma alguna de educación, y más de los tres quintos restantes no pueden comprar libros, porque la comida, la vivienda y la ropa están primero en la lista básica de las familias y, con frecuencia, lo que se gana ni siquiera alcanza para eso. Mil quinientos millones de personas carecen hoy de agua potable y más de mil millones viven hacinadas en casas miserables, indignas de la condición humana.

Mil millones de personas no saben leer ni escribir. En la Argentina, la educación obligatoria de Sarmiento es ahora una utopía más inalcanzable de lo que era hace siglo y medio. Innumerables chicos siguen sin poder ir a la escuela porque tienen que ayudar a ganar el pan de sus padres, y los que van no lo hacen para aprender sino para comer, porque a muchos de ellos la escuela les ofrece la única comida del día.

Aun con recursos inferiores a los que harían falta, desde el Ministerio de Educación se ha emprendido ahora una campaña esperanzadora, tendiente a que cada niño tenga un libro. Sólo en 2005 se han invertido en esa campaña más de cien millones de pesos. Es apenas el comienzo, pero un comienzo mucho más luminoso que el páramo sin salida de las décadas anteriores, cuando, en vez de estimular la lectura, los libros se quemaban, ya fuera en las piras reales que se encendieron en algunos cuarteles, ya en las piras simbólicas de los años 90, cuando las bibliotecas fueron sustituidas por una larga fiesta analfabeta.

Sería injusto no advertir la diferencia. Lamento que una agenda colmada de compromisos (supongo) no le haya permitido al presidente de la República estar ahora con nosotros, porque si bien han llegado hasta aquí algunos miembros de su gabinete, hay muy pocos actos, cada año, en que la presencia del jefe del Estado es insustituible. El de hoy es uno de esos actos, porque así lo enseñan la tradición y el destino de los argentinos. Esta celebración del libro tiene que ver con la nación que fuimos, pero, sobre todo, con la nación que queremos volver a ser: una nación de iguales, en la que todos tengan el mismo derecho a educarse y a vivir dignamente.

"Las escuelas son la democracia", escribió Sarmiento. Fuimos fundados por el libro, no por la espada: lo repito. Fueron los libros los que inspiraron a Moreno, a Belgrano, a Sarmiento. La espada desbrozó el camino, pero el libro creó el camino. Sin el libro, ¿hacia qué clase de nación estaríamos yendo? ¿Sobre qué valores estaríamos construyendo los años por venir?

Cuando el poder no lee, el poder no piensa.

Las dictaduras militares se negaron a leer. Como los comandantes no leían, lo único que los afectaba era lo que oían. Y, por lo general, oían lo que querían. Con el poder iletrado, no hay diálogo posible: sólo obediencia y monosílabos. Después, durante los años en los que el país fue sometido a un voraz remate, el acto de pensar se volvió ineficaz e inútil. Para prosperar, ya no era preciso leer: es decir, no hacía falta pensar. Se impuso el hábito de la discusión frívola. En vez de debatir ideas, se debatían actos de viveza. ¡Cuánto nos ha costado salir de ese pantano en el que estábamos estancados, huérfanos del libro! ¡Cuánto puede costarnos todavía encontrar un proyecto de nación que nos una a todos!

¡Y qué difícil va a ser lograrlo si no entendemos, como tempranamente lo entendió Sarmiento, que educar al pueblo en la verdadera democracia es permitir que todos aprendan lo mismo para que, al menos en el caudal de oportunidades, todos sean iguales! El libro regresa ahora a lo que era en sus orígenes: una voz común que vamos creando día tras día. El conocimiento humano ha ido avanzado desde las narraciones en las cavernas a las discusiones en el ágora, y desde los manuscritos de los monjes y de los cortesanos a los tipos móviles de Gutenberg, y desde allí otra vez al ágora en la que todos participamos, a través de construcciones colectivas en la Red, como Wikipedia, esa inacabable enciclopedia a la que todas las culturas entregan su aportes, a través de weblogs o de novelas y poemas que se componen a cien manos.

Ahora, como en el pasado, estamos escribiendo entre todos el infinito libro de la especie humana. Pero el libro tal como lo conocemos, es decir, el objeto rectangular de cartón o tela o cuero, dentro del cual hay hojas de papel cubiertas de signos, perdurará y prevalecerá durante mucho tiempo todavía, porque siempre habrá alguien que prefiera una relación de intimidad con un autor de esa manera, a través de las páginas que van cobrando vida mientras se abren. Sea cual fuere la forma que asuma, "la inextinguible voz humana sigue hablando", tal como lo dijo William Faulkner en su discurso del premio Nobel.

"La inextinguible voz humana no sólo perdurará, sino también prevalecerá, porque tiene un alma que se expresa en el libro, un espíritu capaz de compasión, y de sacrificio, y de persistencia." El libro es como el agua. Se le imponen cerrojos y diques, pero siempre termina abriéndose paso. La adversidad parece fortalecerlo. Aun en los peores tiempos, las ideas que después se transformaron en palabras han soslayado las censuras y las mordazas para cantar cuatro verdades y seguir siendo incorruptibles e insumisas cuando a su alrededor todos callan, se someten y se corrompen.

Ni el odio de los bárbaros ni la intolerancia de los injustos han podido destruir el libro, porque su memoria es también la memoria de la especie humana. He dicho ya que esta nación es hija del libro antes que hija de sus batallas. Es hija del mandato que Sarmiento dejó hace siglo y medio, "Las escuelas son la democracia", gracias al cual, aun en medio del infortunio, mantuvimos en alto la memoria de nuestra pasada dignidad y la certeza de que tarde o temprano íbamos a recuperarla.

El libro nos ha salvado. Salvemos ahora nosotros al libro de la indiferencia de los que mandan, de la ceguera de los que creen que es posible vivir sin él, de la estupidez de los que imaginaron que acabarían con él quemándolo o prohibiéndolo. Salvemos al libro, porque en el libro ha estado siempre lo mejor de nosotros.

© LA NACION Por Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
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20.4.06

COLON, Entre Ríos.–

La frase del comerciante Neris Bouvet retumba en la noche silenciosa: "Que quede bien claro: si vuelven a cortar la ruta, voy a volver a sacarlos con más gente. ¡Qué se creen éstos!, ¿que pueden hacer lo que quieran?
El gobernador se enteró de lo que hicimos y está contento. Los comerciantes de Gualeguaychú tendrían que hacer lo mismo y desalojar a todos los que cortan el puente".

El hombre junto con otros treinta comerciantes fue el responsable de liberar el piquete que desde hace diez días mantenía interrumpido el tránsito en este paso que comunica esta ciudad con Paysandú.

Ahora, el paso está liberado al tránsito y no son más de treinta las personas que acampan a la vera de la ruta 135. La mayoría es integrante de la Asamblea Ciudadana y programa una nueva estrategia para reanudar los cortes en el paso fronterizo.

Dicen que en las últimas horas fueron amenazados por Bouvet y sus hombres. Que les advirtieron que si vuelven a cortar el paso les van a quemar las carpas. "Nos dijeron que hasta puede haber muertos si interrumpimos el tránsito.

El comerciante está como loco, porque dice que perdió mucho dinero. Lo cierto es que sólo le importan él y su negocio. Nada del problema ambiental lo perturba", dice Marina Paez, vecina de esta ciudad que ayer participó de una nueva asamblea de ambientalistas en Colón.

En esa reunión, los vecinos decidieron colocar bandera a la vera del camino con una frase que intenta explicar lo que sucede allí: "No levantamos el corte. Evitamos la violencia". Paez asegura que en cualquier momento regresarán a la ruta. "Ahora estamos buscando opciones.

No sabemos cuándo, pero volveremos a cortar el puente. Es probable que comencemos haciendo una cadena humana para interrumpir el tránsito en determinadas horas del día. Pero aún no lo definimos", dijo a La Nacion. Bouvet está enojado.

Desde el club en donde juega a las bochas asegura que por los cortes perdió poco más de 30.000 pesos: "Muchos comerciantes de la región perdieron otro tanto. Los cortes se tienen que acabar porque perjudican el progreso de la región". Bouvet es dueño de una estación de servicio situada en un paraje comercial en las afueras de Colón, poco antes de acceder al puente José Artigas.

Los vecinos del lugar dicen que esa zona es frecuentada por los contrabandistas que a pie pasan la mercadería que compran en la Argentina para revenderla en Uruguay. A 140 kilómetros de aquí, la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú ya decidió mantener el corte del puente que une la ciudad con Fray Bentos. "La gente quiere algo concreto, palpable, está descreída, necesita tocar para creer", dijo Gustavo Rivollier desde el piquete que interrumpe el tránsito en la ruta nacional 136.

¿A qué se refiere?, pregunta La Nacion cuando el dirigente se dirigía a una reunión con el obispo Jorge Lozano. "Que nos digan qué día vamos a presentar la denuncia ante la Corte de La Haya, que nos den fecha, porque nos tienen con los quince días desde enero y estamos a mediados de abril y siempre faltan quince días", dijo. Y añadió: "Nos acusan de adoptar una medida ilegal, pero se olvidan de todas las mentiras, las violaciones de acuerdos que se han cometido para llegar a este punto".

Horas antes, el ingeniero Héctor Rubio había dicho que el Gobierno incurrió en recurrentes demoras en las denuncias prometidas. "Tengo información precisa para decir que en la Cancillería no se está trabajando en la presentación en La Haya. Si el 30 de abril la Argentina no se presenta es porque, una vez más, nos están mintiendo, como ya lo hizo Bielsa", expresó el letrado a un medio local. Rivollier, por su parte, se manifestó expectante con el protagonismo que adoptó en los últimos días el obispo Lozano, y lo dijo cinco minutos antes de ingresar en la sede del obispado, a las 20.

"Vamos a escuchar, sería la primera vez que tenemos un obispo así", dice el ambientalista, para elogiar la actitud comprometida del nuevo prelado. Y es que ayer se conoció el contenido de una carta que Lozano dirigió a sacerdotes, catequistas, docentes y agentes pastorales de la diócesis local, donde afirmó que la reacción de los vecinos de Gualeguaychú ante la amenaza asociada a las pasteras "ha fortalecido el tejido social uniendo diversos sectores de la sociedad en la búsqueda de un bien superior, por encima de los intereses particulares".

Pero al mismo tiempo opinó que esas manifestaciones tienen lugar en un país (la Argentina) donde prevalecen "conductas destructivas" hacia el medio ambiente. Agregó que el reclamo de los vecinos de Gualeguaychú se instaló en la agenda pública "no porque preocupe el riesgo de contaminación, sino más bien porque el corte impide el acceso al puente internacional".

Acceso que una vez más anoche continuaba cortado por los ambientalistas de esa ciudad entrerriana.

Por Jesús A. Cornejo Enviado especial
Con la co­la­bo­ra­ción de Daniel Tirso Fiorotto
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La cultura plural - ACAIFOS San Juan

Sr. Director Diario de Cuyo:
En relación con la conmemoración del Día de la Convivencia en la Diversidad Cultural, celebrado el 19 de abril, la Asociación Civil de Asesoramiento Integral y Formación Social (Acaifos), quiere rendir un sencillo homenaje con el propósito de reconocer y promover el pluralismo cultural en el más amplio sentido del término, ya que la diversidad cultural es la herencia común de la humanidad que se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, de las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos, en la dieta y en todo número concebible de otros atributos de la sociedad humana.

La diversidad cultural que caracteriza la región es fuente de gran riqueza para sus sociedades y que el respeto y la valoración de la diversidad contribuyen al dinamismo social y económico, y son factores positivos en la promoción de la gobernabilidad, la cohesión social, el desarrollo humano, los derechos humanos y la coexistencia pacífica en el Hemisferio.

Se debe tratar la diversidad cultural, con miras a profundizar la cooperación hemisférica, crear un ambiente para fomentar la percepción y valoración de la diversidad cultural y lingüística de los países de América, por varios medios, mediante uso de nuevas tecnologías de comunicación y el Internet, fortalecer alianzas e intercambios de información sobre la importancia de la diversidad lingüística cultural del continente para promover una mejor aceptación, entendimiento, valoración, y respeto entre los pueblos de la región.De acuerdo con el pensamiento popular deberían existir tantas culturas como lenguas, de donde la diversidad cultural debería ser coextensiva con la diversidad lingüística.

De hecho esto no es así. En primer lugar, porque los agrupamientos lingüísticos no son claramente delimitables. Pero independientemente de eso, diferentes lenguas pueden ser portadoras de tradiciones culturales similares.

Las particularidades regionales no son sino variaciones de una misma matriz cultural, con los mismos elementos culturales pero en diversas combinaciones.Para aprehender la diversidad cultural debemos seguir criterios distintos a los de la diversidad lingüística, esto es, es necesario plantear claramente qué se entiende por cultura, ya que atenerse a una sola definición de la cultura limita y dificulta considerablemente su utilización.

Dependiendo de cómo se conceptualice la cultura, así serán las estrategias educativas que se sigan. Esto es relevante porque en la mayoría de los programas o proyectos educativos subyace una concepción de la cultura que enfatiza el folklore, la tradición y la costumbre, es decir, los aspectos más pintorescos de la cultura material y de las tradiciones y costumbres.

Los países americanos requieren poner a la diversidad cultural en el centro de las estrategias de desarrollo a nivel nacional, subregional y hemisférico, los bienes culturales son asuntos que deben ser tenidos en cuenta en los procesos de apertura económica y de negociaciones comerciales, es importante darle a las instituciones políticas culturales recursos necesarios para efectuar sus tareas; así como promover una efectiva coordinación entre agencias que realizan actividades en el marco de las políticas y estrategias de promoción y respeto de la diversidad cultural.

Departamento de Formación Social, Asociación Civil de Asesoramiento Integral y Formación Social - ACAIFOS

18.4.06

ArteBA cumple quince años

La Feria de Arte Contemporáneo de Buenos Aires cumple quince años con planes de expansión y la vocación de convertirse en un centro de negocios continental, una especie de polo de ventas de arte latinoamericano que concentre oferta y demanda. Entre el 19 y el 24 de mayo, en los pabellones Rojo y Amarillo de la Rural de Palermo, más de sesenta galerías argentinas y del exterior expondrán las obras de sus artistas sobre una superficie de 12.000 metros cuadrados. Como siempre, la consigna será dinamizar el mercado de arte y abrir el juego a los artistas emergentes; al interior del país y a los coleccionistas planetarios. En este terreno, con arteBA llega una buena noticia que responde a la inquietud planteada en esta columna hace algunas semanas: cómo terminar con la maraña burocrática que frena la exportación de obras de arte, un bien no tradicional que goza de prestigio internacional y exhibe la mejor relación calidad-precio. Ya está. Por impulso de la Fundación arteBa, con el decidido apoyo del vicepresidente Daniel Scioli y el empeño puesto por la secretaria de Cultura de la Nación, en estos momentos se ultiman detalles para que el permiso de exportación se extienda, a través de la oficina correspondiente, dentro del predio ferial palermitano.

* * * Es lógico que así sea cuando el comité ejecutivo de arteBa lleva invertido tiempo y dinero en atraer al alto coleccionismo internacional con el objeto de difundir el arte argentino contemporáneo y ampliar la base de compradores. Para entender la dimensión de la feria, basta pasar revista a los últimos quince años y observar cuánto ha cambiado el escenario del arte local. Cuando nació la feria de galerías de Buenos Aires no existían ni el Malba ni la Fundación Proa; la audiencia del arte era poco sensible al arte actual y el coleccionismo vernáculo prefería comprar obras de artistas consagrados. Sin correr riesgos. Los cambios han sido profundos y radicales. En 2001, poco antes de que se desatara la peor de las crisis, nació el Malba con su saludable influencia para el gran público por el programa curatorial y la colección permanente que la convierten en una institución modelo.

* * * La Fundación Proa aumentó la oferta expositiva y resultó una fragua de tendencias, punto de encuentro entre críticos, creadores y compradores. En 2002 la pregunta del millón fue: ¿seguimos con la feria? La respuesta afirmativa, audaz carta jugada por el entonces presidente de la fundación, ingeniero Jacobo Fiterman, fue la oportunidad de crecer y hacer la mejor feria en el peor momento. En esa encrucijada resultó decisivo el apoyo de Consuelo Císccar, directora del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno, como antes lo había sido la influencia de Rosina Gómez Baeza, directora saliente de ARCO de Madrid. Para cumplir con su misión de ser un foro de reflexión, arteBA ha preparado este año un programa de conferencias excepcional con voces autorizadas de curadores, directores de museos, críticos y periodistas para debatir una cuestión: el papel de los medios en la difusión de convocatorias abiertas a la audiencia masiva.


Por Alicia de Arteaga aarteaga@lanacion.com.ar
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Son estudiantes y docentes de Quilmes los que preparan la Súper Sopa

Los docentes y alumnos de la carrera de Ingeniería en Alimentos, de la Universidad de Quilmes, producen un alimento nutritivo, balanceado y a bajo costo: la Súper Sopa, que se consume en más de 300 comedores comunitarios. El precio es el costo del producto, 25 centavos la porción.

Ya entregaron 800.000 raciones.

La finalidad del Programa Súper Sopa es producir un alimento enlatado, concentrado, bajo estrictos controles de calidad. Elaborado sobre la base de hortalizas, carne vacuna como fuente de proteínas, en aporte calórico de materias grasas, arroz y arvejas. Un plato de fácil preparación y que facilita una dieta variada, sin resignar un buen sabor.
La idea surgió en una universidad de Brasil. “En San Pablo hay un convenio con el Mercado Central que les provee los excedentes de comercialización para producir alimentos con fines sociales”, dice el director del proyecto, Juan Segura.
En ambos casos, los interesados pueden comunicarse por el 4365-7100, internos 166 o 358, o enviar un e-mail a
supersopa@unq.edu.ar.

(Cynthia Palacios. Diario La Nación. 20 de marzo de 2006)

Jóvenes argentinos e Internet

La consultora Dalessio Irol, presentó esta encuesta sobre la relación de los jóvenes con los medios de comunicación, en la que la vedette volvió a ser Internet.
El sondeo, realizado a mil jóvenes de seis países latinoamericanos ( Argentina; México; Chile, Colombia, Uruguay y Venezuela) desprende que “Internet y los celulares son los canales elegidos para comunicarse entre los jóvenes de 16 a 27 años. Generan hábito y se fue metiendo en su vida cotidiana”.
Por ejemplo: el 67% no puede estar sin Internet más de una semana y el 40 no logra pasar un día completo sin conectarse a la Web y la mitad podría pasar sin televisión más de 15 días.
“La tendencia es la misma en toda Latinoamérica, la única diferencia es que en Argentina los jóvenes tuvieron acceso a la tecnología antes pero sólo por una cuestión temporal. En unos seis meses, el resto de los latinoamericanos van a igualarlos”, explica.
¿ Para qué usan Internet?
El 98 por ciento para mandar mails personales; el 85 para buscar información para el estudio o trabajo; el 73 para chatear y el 68% para visitar páginas de entretenimiento o para comunicarse con los que viven lejos. Más abajo, para bajar música el 65 por ciento mientras que el 56 envía sólo emails laborales; el 52% baja software para actualizar sus programas y en el último tramo el 38% se dedica a jugar online el 26 escucha radio y solo el 17 por ciento busca amigos o pareja.
D´Alessio también destaca que “hay un retorno a los medios tradicionales pero a través de otros canales”. “Los jóvenes volvieron a leer los diarios, pero a través de Internet” y subraya que “lo importante es que volvieron al diario”. Incluso, el 20% de los consultados asegura que dentro de un año tendrá más contacto con diarios de papel. Cuatro de cada 10 afirma que al 2006 leerá más diarios digitales.
La adopción masiva de tecnología no sólo trajo cambios en las costumbres de los jóvenes, sino que también obliga al entorno de ellos a adaptarse.
Además, por el uso de la Web, “ellos están despiertos de madrugada y más dormidos y distraídos a primera hora de la mañana”, algo que deberían tener en cuenta los maestros y los especialistas que diagramen el dictado de las clases.
Ante la irrupción digital, “los medios tradicionales están obligados a buscar nuevos temas y formas de aproximación a los adolescentes”, dice D´Alessio.


Extraído de:
http://www.dalessio.com.ar/

Fuertes despliegues y producciones periodísticas por el 24 de marzo



Si fuera cierto que para los empresarios periodísticos de nuestro país la autocrítica es sólo una herramienta de marketing, entonces los lectores deberán reclamar más marketing. El balance nunca llega. Pasó el aniversario del 24 de marzo: otra vez será. El pedido del Presidente cayó en saco roto. Críticas en Internet.

El aniversario de los 30 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 generó un enorme y valioso despliegue de producciones periodísticas que abarcó a todos los medios de comunicación de la Argentina.
Por ejemplo, los principales canales de TV realizaron producciones especiales, unitarias y seriadas. Los enfoques fueron diversos: testimonios nunca explicitados frente a las cámaras (como hicieron Canal 7 y Canal 9); imágenes de 1976 o actuales nunca proyectadas (como las que difundió Canal 13); interpretaciones sobre las consecuencias originadas por el miedo impuesto por los dictadores para generar consenso en el gobierno de facto (como analizó Telefé) o el recuerdo de la propaganda militar (América TV). Miradas inéditas. Aportes valiosos.
Los diarios y revistas de nuestro país no se quedaron atrás. Hicieron fuertes despliegues con suplementos, investigaciones, opiniones, recuerdos, notas “color” o nuevos datos e informaciones inéditas sobre esos años. Hubo artículos valiosos y producciones que más de un lector debe haber guardado como recuerdo inapelable para las nuevas generaciones: hijos y nietos que nunca supieron del terror porque sencillamente no habían nacido.
Otra oportunidad perdida
El DsD al cumplir un año en la web, tituló su edición del 16 de diciembre de 2002, con “20 años de democracia sin autocrítica del periodismo”. Allí consignó que
“Desde hace dos décadas la Argentina vive la continuidad institucional. Con importantes avances y graves retrocesos. La alternancia de regímenes dictatoriales y gobiernos civiles títeres o frustrados que signó al país desde 1955 a 1983, quedó atrás… hace 20 años. En dos décadas, varios sectores de la sociedad civil han formulado sus autocríticas. Contundente o parcial; verbalizada o práctica; con pobre o rico aprendizaje. La autocrítica alcanzó a las Fuerzas Armadas y a la Iglesia Católica, a cierta dirigencia política y sindical, a los jefes montoneros sobrevivientes y a ex dirigentes de otros grupos guerrilleros; también a sectores empresarios y a funcionarios fracasados de administraciones constitucionales, entre los principales actores. Muchos de ellos, fueron compelidos por los propios medios de comunicación que exigieron la ‘rendición de cuentas’ que reclamaba la opinión pública”.
Agregó que
“Sin embargo, en estas dos décadas, a los principales empresarios periodísticos de nuestro país no se les ocurrió ejercer su propia autocrítica. Han guardado un silencio vergonzoso sobre el papel que tuvieron durante los regímenes militares. Ya en democracia, transcurridos 20 años, mantienen la misma conducta. Crecieron y formaron “holdings” mientras la enorme mayoría de los argentinos retrocedieron en sus niveles de vida. Sin embargo, todo parece indicar, que no tienen nada que explicarles a sus lectores, oyentes o televidentes”.
Cada tanto, apenas un debate
Cuando el periodismo escribe sobre su propia autocrítica, lo ha hecho siempre desde su práctica periodística. Por ejemplo, en la misma edición de DsD del 16 de diciembre de 2002, se consignó que:
“El 19 de septiembre de 2002, La Nación publicó el editorial ‘La autocrítica del periodismo’, a raíz de una encuesta de la consultora Nueva Mayoría que advirtió la caída, por entonces, de la credibilidad de la prensa. En el 2000 la ponderación positiva fue del 49%. En el 2002, cayó al 27%”.
Añadió que:
“La Nación explicó que ‘el principal instrumento que los periodistas tenemos a nuestro alcance’ es ‘la autocrítica’. Entre los vicios, mencionó ‘la proliferación de campañas interesadas de prensa, la degradación del lenguaje, la propensión a rodear cada información de connotaciones escandalosas -aún al precio de desvirtuar o traicionar la desnuda verdad de los hechos sobre los cuales se está informando-, el esfuerzo por alterar determinadas noticias para satisfacer los presuntos gustos del público; el sobredimensionamiento intencional de unas informaciones, o la minimización deliberada de otras; el mal cumplimiento del principio que obliga a respetar la pluralidad de las fuentes: la invasión no justificada de la intimidad’”. Agregó que "La Nación no se excluye del deber de realizar su propia autocrítica y de examinarse a sí misma para verificar en qué medida se ha apartado o no, en cada caso, de los principios que hace tiempo eligió como pautas o referentes de su misión informativa y editorial".
Ese valioso reconocimiento del diario de La Nación – del 19 de septiembre de 2002 – de “realizar su propia autocrítica y de examinarse a sí misma” nunca llegó. Pero tiene el mérito de haber sido el único matutino que al menos lo reconoció públicamente.
También hay periodistas que en diversas coyunturas reconocieron la necesidad de practicar la autocrítica como lo hicieron Osvaldo Pepe (Clarín); Carlos Ulanovsky, Jorge Lanata, Sylvina Walger, Román Lejtman, Guillermo Alfieri (Veintitrés) y Jorge Fernández Díaz. También coincidieron en la necesidad de “impulsar un debate sobre los medios” Joaquín Morales Solá y Néstor Scibona con artículos publicados en La Nación. En ese mismo sentido,
DsD consignó la autocrítica del Club Gente de Prensa.
Pero ese es otro tema: si no tenemos periodistas que hagan sus propias autocríticas - al menos sobre aspectos profesionales - tal vez sea porque las empresas periodísticas nunca lo han hecho en términos históricos.
2006: Por primera vez un Presidente de la Nación hace la sugerencia
El 23 de marzo último, el Presidente de la Nación, Néstor Kirchner dijo en un acto oficial:
“Pero si ustedes me permiten, en épocas en donde muchos sectores hacen la autocrítica – y está bien que la hagan- de lo que nos pasó en aquel momento, yo sé que voy a decir algo que seguramente me van a dedicar centímetros y centímetros de prensa criticándome, no importa: me gustaría que en algún próximo 24 de marzo o antes, los medios de prensa argentinos también hagan autocrítica. En algún medio, hasta hace muy poco tiempo, ni siquiera sacaban las solicitadas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.
Los dichos del Kirchner se produjeron en un acto en el que, además, le devolvió el grado militar al coronel Jaime Cesio. Al día siguiente, el viernes 24 de marzo, sólo el diario Ambito Financiero, recogió el guante del reto presidencial y publicó una columna en su portada titulada “Autocrítica”. Allí señaló que:
“Ya vigente Ambito Financiero y en 5 años de dictadura ninguna recopilación sobre la prensa ignominiosa de esos años incluyó, simplemente porque no hubo, un solo recorte de alabanza o fotos con prominentes jerarcas del régimen militar y sí -reconocemos que tímidas- referencias a cartas manuscritas sobre desaparecidos de quienes luego serían las Madres de Plaza de Mayo. Nada de esto y sí vergüenzas puede exhibir un diario matutino a quien el presidente Néstor Kirchner hace un mes llamó tres veces ‘prestigioso’ en un discurso y que, si tiene que hacer autocrítica, tendría que dedicarse no menos de 100 páginas de mea culpa”.
Su propietario Julio Ramos no podía dejar la oportunidad de criticar a su “enemigo”, Clarín. Los lectores de Clarín no se enteraron que Kirchner pidió la autocrítica de la prensa. En la crónica de la reparación a Jaime Cesio – que no llevó firma - el párrafo del pedido presidencial a los medios fue omitidoEn cambio, los lectores de La Nación se anoticiaron del pedido de autocrítica de Kirchner, aunque el diario no publicó las palabras textuales del Presidente. En la crónica del acto en la Casa Rosada, un párrafo señaló: “En el discurso que preparó para esa ocasión (Kirchner) pidió que los medios de comunicación hagan una autocrítica sobre cómo cubrieron el proceso”.Por el contrario, Página/12 destacó en un recuadro dentro de la crónica del acto, las palabras de Kirchner. Además,
publicó una columna de su director periodístico, Ernesto Tiffenberg, quien señaló: “Las radios más populares casi no hablan de otra cosa; los cinco canales de aire se sumaron a la carrera con ambiciosas producciones y los diarios, incluidos aquellos, casi todos, que acompañaron la dictadura y protegieron por décadas a sus beneficiarios y ejecutores, hacen suplementos especiales protagonizados por las víctimas”.
Editoriales que nada dicen
Ese mismo 24 de marzo, Clarín y La Nación publicaron sendos editoriales para referirse al golpe de 1976. Pero no hubo ni una línea de autocrítica sobre el rol que desempeñaron. Clarín
tituló “Los 30 años del último golpe de Estado”. Allí, entre otras cosas señaló que “tres décadas más tarde, es un rasgo destacable que las máximas jerarquías de las Fuerzas Armadas hayan hecho una aguda autocrítica sin atenuantes respecto de esa actuación y condenaran explícitamente las violaciones a los derechos humanos. Este firme compromiso institucional ratifica la reinserción de las Fuerzas Armadas en su relación con la sociedad civil y las instituciones republicanas”.En otro párrafo destacó: “Otro elemento de maduración destacable es, como ha sucedido ya en anteriores balances, el reconocimiento de que sectores significativos de la población dieron en su momento su aquiescencia hacia la instauración de la dictadura e, incluso, hacia sus procedimientos. Se trata de un sinceramiento indispensable para realizar un balance equilibrado de los hechos y, fundamentalmente, para comprender la dinámica política argentina desde su organización nacional: las intervenciones militares fueron sistemáticamente apoyadas y en ocasiones promovidas por civiles descontentos con el poder político de turno”.El editorial de La Nación se tituló “Recordar con la mirada en el futuro”, y señaló que “una cosa es preservar la memoria histórica de un tiempo o de una época -algo imprescindible para la continuidad espiritual de una nación- y otra cosa muy distinta es aceptar que se mantengan eternamente abiertas las heridas que el odio o la intolerancia de ciertos grupos marginales fueron abriendo, a través de los años, en el cuerpo social. Sabemos de sobra que algunos sectores utilizan en provecho propio la subsistencia del encono y de la desunión de los argentinos” (…) Pero la inmensa mayoría de los argentinos no tiene nada que ver con esas especulaciones perversas y aspira a que el país viva de cara al futuro, y se opone a que los hijos de este suelo continúen siendo rehenes de conflictos o acontecimientos que se registraron hace tres o cuatro décadas. No es razonable que en esta altura del proceso histórico argentino estemos todavía discutiendo si derogamos los indultos otorgados en la década del 90 o -como argumentan algunos- si la derogación debe alcanzar también a las leyes de amnistía que en 1973 dejaron en libertad a muchos terroristas que habían ensangrentado la Nación”.
El recuerdo de Fontevecchia
El dominical Perfil también dedicó un espacio para referirse al golpe. Y su mandamás, Jorge Fontevecchia publicó una valiosa columna – algo extensa - que comenzó en la contratapa y siguió en otras dos páginas. Allí el editor se dedicó a contar detalladamente lo que ocurrió el 24 de marzo de 1983: la dictadura militar (en ese momento estaba al frente Reynaldo Bignone) mediante dos decretos prohibió la “distribución, venta y circulación” de la revista La Semana (editada por Perfil) y dispuso la detención y puesta a disposición del Poder Ejecutivo del editor Jorge Fontevecchia.
La nota abundó en detalles sobre lo que contenía la publicación censurada (una nota sobre el marino Alfredo Astiz) y las acciones que debió tomar el propio Fontevecchia para no ser detenido: refugiarse en la embajada de Venezuela y una semana después exiliarse en ese país. También volvió a recordar que fue por unos meses en 1979 detenido-desaparecido en el centro de detención clandestino llamado “El Olimpo”. En varias ocasiones, Fontevecchia explicó que fue detenido en 1979 por haber publicado, precisamente en La Semana, una entrevista al dirigente radical Ricardo Balbín.
Quienes critican a Fontevecchia advierten que el empresario tiene una tendencia a recordar a la revista “La Semana”, sólo durante los últimos años de la dictadura precisamente luego de la guerra de Malvinas en 1982. Lo critican porque suele olvidar el respaldo que “La Semana” le brindó al gobierno de facto, por ejemplo en 1978.
Andrés Cascioli, director de la legendaria revista Humor publicó en 1995 una edición especial de dicho semanario que se tituló “¿Qué hiciste tú en el proceso, papá?”.
Allí dedicó un capítulo al rol del periodismo titulado “Del elogio a la hipocresía”. En la bajada lo presentó diciendo que “algunos medios y periodistas que, sin arrepentimientos ni autocríticas creíbles, primero apoyaron el golpe de 1976 y ridiculizaron la cuestión de los derechos humanos, y luego hablaron – lo están haciendo hoy mismo -, de ‘crímenes’ y ‘terrorismo de Estado’”.
Allí Cascioli publicó varios ejemplos, la mayoría vinculados a publicaciones de Editorial Atlántida, aunque también incluyó a la revista Extra (dirigida por Bernardo Neustadt) a Clarín, La Nación y Editorial Perfil.
En el relevamiento incluyó también a dos ejemplares de “La Semana”, uno de mayo de 1978 y otro de diciembre de 1983.
Sobre el de 1978, Cascioli incluyó un facsímil de “La Semana” en el que se observa un editorial titulado “Carta abierta a un turista europeo”. Allí se lee: “Y, por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración, de matanzas clandestinas o de terror nocturno. Todavía nos damos el gusto de salir de noche y volver a casa de madrugada”. Debajo del facsímil se lee: “En una fecha clave para defender al ‘proceso’ – poco antes del Mundial de Fútbol -, también La Semana intentaba refutar notas publicadas en el extranjero: ‘no nos venga a hablar de campos de concentración…’”.
Sobre el ejemplar de 1983, publicó un facsímil de una publicidad de La Semana en donde se ve la tapa de la revista con el título “Los archivos de los campos de concentración”, bajo el slogan publicitario “Como siempre, decimos lo que todos callan”. Y bajo la reproducción, acotó: “Cuando decir ‘lo que todos callan’ ya no implicaba riesgos: el Proceso había terminado. Acompañando esta edición de diciembre de 1983, La Semana emitía avisos por TV recordando que los fotógrafos de esa editorial habían sido ‘los más perseguidos por el gobierno militar’. Pero cinco años antes, ‘por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración’”.
En su número 1451, el 16 de octubre de 2004, Noticias (también de editorial Perfil), publicó un editorial titulado “Libertad condicionada”. Allí señaló que
“la mayoría de los medios de comunicación sellaron un pacto no escrito con la última dictadura militar: acordaron un espacio dentro del cual se podía criticar, en una suerte de ‘libertad condicionada’. Se criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono, entre otros temas menores. El entonces intendente porteño, Osvaldo Cacciatore, era el receptor privilegiado de esos reclamos y ocupaba su tiempo polemizando frente a todos los micrófonos. El resultado era patético: mientras el Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, muchos medios miraban para otro lado. Para el lado que el Gobierno quería que se mirara”.
En otro párrafo añadió:
“En los últimos tiempos se recreó una suerte de ‘Gran Cacciatore’. Muchos programas de televisión que en otro momento fueron incansables perseguidores de políticos y actitudes sospechosas, hoy disparan sus críticas para revelar la condición sexual de alguien, denunciar lo ruidoso que son los ferrocarriles o el deterioro inadmisible de las plazas”.
La edición de Veintitrés que siguió a la recién mencionada de Noticias, respondió irónicamente recordando el rol de Editorial Perfil durante la dictadura. Publicó un editorial titulado “Baches”. Allí señaló:
“La cadena de la felicidad informativa es, antes que nada, una responsabilidad de los medios. Después, puede discutirse todo. Incluso este cambalache de Biblia y calefón donde algunos que levantan el dedito ético recordando que en la dictadura sólo se podían criticar los baches de la Capital, tenían en esa misma época, revistas que hablaban…de los baches”.
El aporte de las revistas
Las revistas – especializadas en política y economía - tampoco se quedaron atrás a la hora de recordar el golpe. Y hubo algunas referencias al rol de la prensa.
En Noticias, Darío Gallo entrevistó a Robert Cox, ex director de The Buenos Aires Herald. Allí el periodista norteamericano señaló, entre otras cosas, que “durante el Proceso los periodistas querían informar, pero los dueños no los dejaban. Ojo, no sólo hablo de Neustadt y de Escribano como apoyo de los militares, también me parece muy mal que los periodistas se metan en la guerrilla, como hizo Horacio Verbitsky”.
En otro pasaje de la entrevista Cox señaló que “yo escribí una carta a La Nación, porque alguien me atacó, y puse que la Justicia falló en la Argentina durante el Proceso, pero también los diarios fallaron. Y La Nación, obviamente, tachó eso (…) Cuando yo estuve en la Argentina una vez, era el momento en que Morales Solá hablaba de la autocrítica. ¡Pero no estaba hablando de la autocrítica de él! ¡No! Todo el mundo quiere ser autocrítico, pero no de si mismo. Para muchos, Claudio Escribano es un buen periodista en todos los sentidos, y tal vez lo sea. Pero desafortunadamente durante el proceso estuvo totalmente con los militares. Y que yo sepa nunca hizo autocrítica alguna. Creo que Mariano Grondona hizo algo, más o menos…para mí era trágico volver a la Argentina y ver a las mismas personas que apoyaron a los militares…”.
En la revista Veintitrés (número 402), Carlos Ulanovsky se refirió al accionar de los medios durante la dictadura. Afirmó que desde el momento en que se dio el golpe “entraron en una frecuencia ideológica única”. Recordó que tanto editores como directores debieron “desfilar por una oficina cercana a la Casa Rosada, un centro de censura y control”. Si bien “las verificaciones no se prolongaron más allá de la segunda semana”, sostuvo que sirvió para que todos asimilaran el mensaje y supieran que “les resultaría demasiado arduo contar lo que sucedía”.
Pero Ulanovsky consideró que el “terror” no empezó con la irrupción de Videla y compañía sino antes, después a la muerte de Perón, en julio de 1974 donde fueron clausurados los diarios El Mundo, “en manos del ERP”, Noticias, “financiados por Montoneros” y los semanarios Satiricón y Chaupinela. Luego comparó las posiciones adoptadas por La Razón y el Buenos Aires Herald en los días previos al golpe. Indicó que mientras en el primero sus títulos “parecían dictados por algún Estado Mayor”, Roberto Cox escribía en el diario que dirigía que “en la Argentina el gran perdedor es la democracia”.
Enumeró las revistas y diarios que cerraron tras el golpe (Mayoría, Cuestionario –“que no aceptó que sus originales se revisen”- y Crisis) y las publicaciones que salieron a la luz en plena dictadura (las revistas Humor, Expreso Imaginario, La Semana, Medios & Comunicación y el diario Ámbito Financiero). Señaló que a “los atropellos” algunos “lo pagaron con su cuerpo” (mencionó Jacobo Timerman), otros con “el exilio” (habló de Tomás Eloy Martínez, Mario Muchnik y Mario Diament) y otros “con la vida” (en donde mencionó, entre otros, a Enrique Raab, Edgardo Sajón, Rodolfo Walsh, Julián Delgado, Vicky Walsh, Hernán Ferreirós y Héctor Oesterheld).
Finalmente en el semanario Debate (nro. 159) en una edición especial titulada “30 años”, el ahora funcionario Julio Bárbaro recordó que en 1976 el diario La Razón se había “convertido en vocero del golpe”.
Algo aportó Internet
A la par de los medios gráficos, hubo algunos sitios de Internet y blogs que dedicaron espacios al recuerdo del golpe. Desde allí también su pudieron leer exhortos a la autocrítica de los medios. El DsD toma sólo tres sitios como ejemplo, a sabiendas que no son los únicos que publicaron al respecto.
El más categórico fue el blog
“eblog”. Allí, su editor, el periodista Leandro Zanoni publicó un editorial titulado “Fracasamos”, en donde señaló que “hoy, marketineramente, todos los homenajes especiales que publican los mismos medios que no se animan siquiera a intentar una autocrítica, abundan en color negro. Pero durante la dictadura hubo sol, goles, pizzas, taxis, obreros, vacas, diarios, zapatillas, colegios, Obelisco, asados, locomotoras, escritores, autos. La vida siguió y los que podían rajaban a Miami a comprar dos televisores a color y otros se emocionaban con Galtieri cuando dijo que, a los ingleses, les presentaremos batalla. Canal 13 no hablaba de una larga noche como lo hace ahora y Palito Ortega cantaba “la felicidad” y todos coreábamos “ah, ah, ah, ah”. La revista Gente de Vigil, la misma que ahora pone en tapa modelitos en bolas todas las semanas, nos decía ‘Estamos Ganando’”.
En otro párrafo aseguró que “La prensa fue censurada y la que quedó fue, por miedo, ideología o por conveniencia, chupamedias y negociadora del poder. Los dos grandes medios, Clarín y La Nación, fueron además de cómplices, socios del gobierno en el fabuloso negocio de Papel Prensa. De paso, denunciaban campañas anti argentinas en el exterior y muchos periodistas, que hoy la van de progres y se emocionan en cámara, decían que éramos derechos y humanos. Ninguno se animó a leer al aire la carta que dejó Rodolfo Walsh antes de que lo cagaran a tiros. Pero cobraron por actuar en la película La Fiesta de Todos, financiada por el gobierno. Ahora, antes de amagar con cualquier especial sobre el golpe, primero los medios deberían hacer una profunda y sincera autocrítica”.
Otro blog, llamado
“Visualmente”, editado por los periodistas Dolores Pujol y Norberto Baruch, también editó un especial sobre el 24 de marzo, en el cual –luego de poner su fondo en negro- habló sobre los medios. Señaló que “todos lo presentían. Muchos lo sabían con certeza. Algunos lo esperaban con ansias. Lo cierto es que el 24 de marzo de 1976 los medios no se animaron a titular lo que realmente había pasado: un grupo de militares había tomado el poder por asalto y guardado la democracia bajo llave”.
Añadió que “Clarín anunciaba que la Argentina tenía un nuevo gobierno. Había que leer la letra chica o fijar la atención en la pequeña foto del helicóptero para obtener algunos datos más de lo que realmente pasaba. La Nación, por su parte, sí llevó a los sujetos de la acción a la portada: las Fuerzas Armadas. Y con ese estilo característico de utilizar los verbos (por suerte, hoy ya abandonado) aclaraba que María Estela Martínez de Perón había sido detenida. Nadie osó usar la palabra ‘golpe’ en sus titulares. Mucho menos aún ‘dictadura’. Las portadas de los días que siguieron al 24 refuerzan la tendencia. Salvo por el detalle de que en las fotos aparecen militares, el lenguaje empleado podría llegar a hacer pensar que se trataba de un nuevo gobierno democrático que llegaba al poder”.
Las notas de “Visualmente” fueron acompañadas por las tapas de los diarios Clarín, La Nación, Crónica y La Opinión, extraídas del libro “Decíamos ayer” de los periodistas Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, las más completa revisión editada hasta ahora de lo que los diarios publicaron durante la dictadura.
El blog, además tocó el tema de la adquisición por parte de Clarín, La Nación y La Razón de la empresa Papel Prensa S.A. en 1977. Esto escribió:
“A Julio Ramos la espina se le quedó clavada. Y, aun hoy, no pierde oportunidad de quejarse. Según algunos malpensados, porque se quedó afuera del negocio. Según él, por la injusta razón de que una industria clave (la primera planta productora de papel para diarios del país, construida con el dinero de todos los argentinos y -específicamente- gracias a los impuestos a la importación de papel que pagaron todos los medios gráficos durante varios años) fue vendida con grandes facilidades a sólo tres empresas periodísticas: Clarín, La Nación y La Razón (que luego se desprendió de sus acciones). Como las autopistas que se levantaron sobre la ciudad de Buenos Aires, Papel Prensa S.A. se convirtió así en una herencia más del Proceso”.
Visualmente añadió que “en mayo de 1977, Clarín realizó el anunció desde su portada, con un recuadro gigante a dos columnas que ocupaba los dos tercios derechos de la primera plana (…) Clarín se ocupó de detallar en ese recuadro todos los pasos que se siguieron para la compra de las acciones de Papel Prensa. Y puso especial énfasis en aclarar que, gracias a la inyección de capital de los medios compradores, la planta iba a poder finalizarse de una vez por todas. Al final, haciendo honor al refrán que habla de la ‘cola de paja’, se cuidaba de aclarar: ‘Como surge de todo lo expuesto, la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado (...), preservando un proyecto de interés nacional y resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida’”.
A propósito del caso de Papel Prensa, es interesante recordar que el año pasado, el Foro del Periodismo Argentino (FOPEA), organizó
una charla sobre periodismo en la que participaron Magdalena Ruiz Guiñazú y Horacio Verbitsky. Allí, el columnista de Página/12 también recordó que durante la dictadura, La Nación y Clarín se asociaron con el Estado en la sociedad Papel Prensa, “cuyas acciones compraron mientras sus propietarios estaban siendo torturados por la dictadura militar y fueron obligados a venderles a Clarín y a La Nación las acciones que hasta el día de hoy retienen como socios del Estado. De modo que, me parece, aparte de hablar de los periodistas, tenemos que ensanchar el análisis para incluir a los medios y a los gobiernos. Sólo así vamos a poder llegar a alguna conclusión clara sobre las relaciones entre el periodismo y el poder”. Concluyó contundente, que a raíz de ese hecho “Clarín y La Nación tienen un cadáver en el armario, que apesta”.
Otros tres sitios
El sitio
Argenpress, creado por el periodista ya fallecido Emilio J. Corbiere, también publicó un especial sobre el 24 de marzo, en el que publicó las tapas más representativas de Clarín y La Nación durante la dictadura, extraídas del ya citado libro “Decíamos Ayer” de Blaustein y Zubieta.
El sitio
Nuestra América, dirigido por Jorge Benedetti, también decidió recordar el 24 de marzo con una producción titulada “La Patria Secuestrada”. Allí también se pudieron ver tapas de época de Clarín y La Nación, como así también de las revistas Somos y Gente.
Por último, el sitio Periodismo Social también dedicó
un espacio titulado “Sin autocrítica y con 85 desaparecidos”. Allí incluyó declaraciones de los periodistas Eduardo Blaustein y Carlos Rodríguez, de Página/12. En un párrafo señaló: “’ ¿Cómo un actor social tan importante como los medios no hizo su autocrítica sobre el papel que jugó durante la dictadura?’, se pregunta Eduardo Blaustein. Y se contesta: ‘No lo hacen porque algunos creen que obraron bien, y otros por estrategia de marketing que le dirá que no es el momento oportuno’.

Algunas reflexiones
Los lectores de diarios argentinos – que lógicamente también son televidentes y oyentes – pudieron comprender este 24 de marzo la dimensión que tuvo el genocidio. Sus fines. Sus principales actores.La interpretación histórica es parte del debate, de las causas y sus consecuencias.
La “maduración de la sociedad” que mencionó en su reciente editorial el diario Clarín parece no abarcar a los propietarios de los grandes medios de ayer y de hoy. Porque no son todos, ni todos los empresarios son iguales.
Algún editor de un matutino importante, alguna vez le dijo al DsD que la autocrítica es un proceso que debe darse naturalmente, que no puede ser forzada de un día para otro. Otros piensan que la autocrítica puede ser también una actividad del marketing, que sirve para acercarse más a los lectores, a las audiencias. Si es un “proceso”, nadie se anima a dar el primer paso. Si es marketing, entonces pidamos marketing.
Los diarios de Estados Unidos han publicado numerosas autocríticas sobre su posición sobre la invasión a Irak, luego de haber publicado “operaciones de prensa” del Gobierno de George W. Bush para crear un clima favorable a la intervención bélica. Ahora lo sabemos porque sus propietarios lo reconocieron de cara a sus lectores.
El diario español El País, también publicó una autocrítica por haber afirmado que los atentados de Atocha fueron obra de ETA teniendo como única fuente al entonces presidente José María Aznar. Se sabe que no fue así. La entonces Defensora de los Lectores de dicho matutino pidió disculpas y se esforzó en explicar el caso.
Así, los ejemplos en el Mundo son muchísimos.
La revista Humor de Andrés Cascioli – en la edición aquí aludida – se preguntó en 1995 en su portada “¿Qué hiciste tu en el Proceso, Papá?”.
Nuevas generaciones de argentinos ya preguntan “¿Qué hiciste tu en el Proceso, Abuelo?”.
Si seguimos así, los nietos escribiran la historia.

DsD 28 - 3 - 2006

Los diarios anticipan que estudiantes volverán a impedir la elección del próximo rector de la UBA

El conflicto en la Universidad de Buenos Aires vuelve a ocupar destacados espacios en los matutinos porteños, que anticipan que agrupaciones estudiantiles de izquierda impedirán esta mañana, por tercera vez, que sesione la asamblea que debe elegir el próximo rector de la UBA.

Clarín, Página/12 y La Prensa arman títulos de primera plana con la tensión en la principal universidad pública argentina. “La UBA intenta hoy por tercera vez elegir un nuevo rector”, encabeza el matutino de la familia Noble una página impar de Sociedad.

Según Alejandra Toronchik, no hay “casi ninguna” posibilidad de que sesione hoy la asamblea, dado que militantes de la Federación Universitaria porteña (FUBA) volvieron anoche a “tomar el Nacional de Buenos Aires” para repudiar la candidatura del decano de la Facultad de Derecho, Atilio Alterini.

“Elección del rector, parte III”, titula Página, en donde Javier Lorca detalla los reclamos de los estudiantes que rechazan, además de la postulación de Alterini, por haber sido funcionario porteño a fines de la última dictadura militar, el régimen de gobierno vigente en la UBA.

La Nación también resalta, través de la periodista Raquel San Martín, que “Estudiantes impedirían hoy que sesione la asamblea de la UBA”. El medio de los Saguier le da amplios espacios al actual rector y candidato, Guillermo Jaim Etcheverry, que considera que “‘No se puede responder a la violencia con violencia”’.

La Prensa utiliza la bajada de una destacada nota para consignar que la FUBA “lanzará una consulta en todas las facultades, incluido el CBC, para que se expresen respecto de si” Alterini puede ser candidato.Ambito Financiero es el matutino especializado en asuntos de negocios que más desarrolla el conflicto. El medio de Julio Ramos ubica la nota sobre la UBA junto a las informes vinculados al cintillo “Recrudece activismo piquetero” (ver Política). Infobae apunta el “posible boicot” a la “nueva asamblea”.

Extraído de:
http://www.diariosobrediarios.com.ar