Sabemos que desde hace años las transformaciones de nuestra sociedad dieron virajes desconcertantes.La crisis del Estado y los profundos cambios económicos y tecnológicos de fines de siglo han ocasionado una fuerte ruptura del “mundo del trabajo” y de los mecanismos de reproducción social, tanto familiares como institucionales, que tradicionalmente permitían el acceso a bienes y servicios públicos, sociales o comunales, los cuales eran garantizados por el estado en forma masiva permitiendo la integración social.
La precarización de las condiciones de educación y empleo, la marginación de vastos sectores de la población, son componentes dominantes del malestar social actual.
Argentina sufre altos niveles de desocupación. Esto provoca que gran parte de nuestros conciudadanos vivan por debajo de la línea de pobreza. Los jóvenes son el sector más vulnerable de esta situación. Más de 9 millones de niños y jóvenes viven en hogares pobres. Esto significa que el casi el 60% de los 15 millones de menores de 22 años son pobres.
El dato más trágico es que 3 de esos 9 millones son indigentes, por lo tanto su familia no puede garantizarle el suministro de la alimentación básica que les permitirá ser ciudadanos activos que aporten al crecimiento del país y el fortalecimiento de la democracia.
Hay un poco más de un millón de jóvenes que no trabajan ni estudian. Estos datos fueron arrojados por un estudio realizado por la CEPAL en febrero de este año.
El 72 % de jóvenes que buscan trabajo formal no lo encuentran.Bajo el actual contexto, cada vez más jóvenes dejan de asistir a establecimientos educativos, buscan trabajo y no lo consiguen o, incluso, abandonan la búsqueda de un empleo.
Sin trabajo, estudio, ni contexto familiar de contención se constituyen en los principales excluidos de este nuevo siglo.A partir de estas señales, es que debemos tomar conciencia de que la única vía de cambio es la participación a través de acciones solidarias completas y dinamizantes del sector juvenil para encontrar caminos alternativos a la exclusión, a la marginalidad y la pobreza, junto al reclamo constante de que el estado en sus tres niveles (nación, provincia, municipio) vuelva a preocuparse por la garantía de los derechos de sus ciudadanos.
La pregunta, mientras tanto, es qué haremos cómo sociedad en donde más de la mitad de quienes ahora son jóvenes y niños están por debajo de los niveles estándar de vida.
Quiénes de estos jóvenes estarán en condiciones de dirigir el país, (Gobierno, sindicatos, universidades, profesionales, etc.) y qué tipo de ciudadanos van a ser quienes van a acompañar a esta dirigencia.
Este análisis nos preocupa infinitamente porque estaría en riesgo la democracia dentro de diez o quince años debido a la falta de conciencia democrática y de participación ciudadana.Es tiempo de despertar de la indiferencia, de reinventar nuevas formas de solidaridad, es tiempo de generar espacios de participación joven que den respuestas a la juventud, que partan de sí mismos. Es necesario que los jóvenes se comprometan con otros jóvenes.