18.4.06

ArteBA cumple quince años

La Feria de Arte Contemporáneo de Buenos Aires cumple quince años con planes de expansión y la vocación de convertirse en un centro de negocios continental, una especie de polo de ventas de arte latinoamericano que concentre oferta y demanda. Entre el 19 y el 24 de mayo, en los pabellones Rojo y Amarillo de la Rural de Palermo, más de sesenta galerías argentinas y del exterior expondrán las obras de sus artistas sobre una superficie de 12.000 metros cuadrados. Como siempre, la consigna será dinamizar el mercado de arte y abrir el juego a los artistas emergentes; al interior del país y a los coleccionistas planetarios. En este terreno, con arteBA llega una buena noticia que responde a la inquietud planteada en esta columna hace algunas semanas: cómo terminar con la maraña burocrática que frena la exportación de obras de arte, un bien no tradicional que goza de prestigio internacional y exhibe la mejor relación calidad-precio. Ya está. Por impulso de la Fundación arteBa, con el decidido apoyo del vicepresidente Daniel Scioli y el empeño puesto por la secretaria de Cultura de la Nación, en estos momentos se ultiman detalles para que el permiso de exportación se extienda, a través de la oficina correspondiente, dentro del predio ferial palermitano.

* * * Es lógico que así sea cuando el comité ejecutivo de arteBa lleva invertido tiempo y dinero en atraer al alto coleccionismo internacional con el objeto de difundir el arte argentino contemporáneo y ampliar la base de compradores. Para entender la dimensión de la feria, basta pasar revista a los últimos quince años y observar cuánto ha cambiado el escenario del arte local. Cuando nació la feria de galerías de Buenos Aires no existían ni el Malba ni la Fundación Proa; la audiencia del arte era poco sensible al arte actual y el coleccionismo vernáculo prefería comprar obras de artistas consagrados. Sin correr riesgos. Los cambios han sido profundos y radicales. En 2001, poco antes de que se desatara la peor de las crisis, nació el Malba con su saludable influencia para el gran público por el programa curatorial y la colección permanente que la convierten en una institución modelo.

* * * La Fundación Proa aumentó la oferta expositiva y resultó una fragua de tendencias, punto de encuentro entre críticos, creadores y compradores. En 2002 la pregunta del millón fue: ¿seguimos con la feria? La respuesta afirmativa, audaz carta jugada por el entonces presidente de la fundación, ingeniero Jacobo Fiterman, fue la oportunidad de crecer y hacer la mejor feria en el peor momento. En esa encrucijada resultó decisivo el apoyo de Consuelo Císccar, directora del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno, como antes lo había sido la influencia de Rosina Gómez Baeza, directora saliente de ARCO de Madrid. Para cumplir con su misión de ser un foro de reflexión, arteBA ha preparado este año un programa de conferencias excepcional con voces autorizadas de curadores, directores de museos, críticos y periodistas para debatir una cuestión: el papel de los medios en la difusión de convocatorias abiertas a la audiencia masiva.


Por Alicia de Arteaga aarteaga@lanacion.com.ar
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